LA DELICADA SALUD DE LA GALLETA SOLTERONA

El corazón de Galletina se desmigaba de tristeza por haber perdido sus años mozos en pos de un amor imposible.
Y es que cada vez que se imaginaba a Napolitana, tan alta, tan fuerte, látigo en mano, se le retemblaba hasta la mermelada.
Cada vez más menguada, sabía que su destino sería acabar en una encimera cualquiera, hecha migas, arrastrada por una mohosa bayeta… pero aun en ese extremo momento cada migajilla de su ser suspiraría por lamer esa azucarada piel con aroma a canela.

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