SERENIDAD

Los hábitos de la noche comenzaron a esparcir sus sombras, consiguiendo que los objetos, tan definidos hasta hacía tan solo unos minutos, nos parecieran ahora un abstracto plantel de extrañas siluetas, apenas definidas por la penumbra.
Descubrimos entonces que nuestros ojos se adaptaban casi imperceptiblemente, y así pudimos dejar volar mente y sueños para, al fin encontrar, si no la paz, sí el tan ansiado descanso de los sentidos.
Dormiríamos felices pensando nada.

 

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